Francia : fotos y recuerdos

Francia es muy diversa y preparar un viaje para visitarla no entraña ninguna dificultad, a excepción de decidirse previamente por una de sus regiones. Una buena forma de empezar es coger un vuelo hasta París y descubrir la capital y sus alrededores, los vuelos a Francia desde Madrid o Barcelona no os tomarán más de dos horas. Si cogéis un vuelo a Francia en familia no dudéis de que a los pequeños también les encantará: más allá de un paseo en barco por el Sena o de una visita a Eurodisney, podéis vivir una aventura extraordinaria pasando una o varias jornadas en Versalles. Podéis acceder cómodamente en tren (RER, línea C que tarda 30 minutos) y pasar el día allí. Este lugar se presta a recorrerlo en bicicleta con los niños, caminar a pie cientos de rincones, descansar en sus jardines o adentrarse en el Dominio de la Reina, donde se recrea la vida campestre de María Atonieta rodeada de animales.

Para otra ocasión podría quedar una excursión descubriendo los castillos del Loira, la región este con el Monte Saint Michel en Normandía, la zona sur con la medieval Carcasonne o las playas de Marsella…

Francia ha sido mi país adoptivo durante 3 años y a pesar de que a mi llegada no tenía ninguna foto mental de qué cosas podía encontrar ni del estilo de vida francés, tengo que reconocer que es un país que sabe conquistar al visitante.

El primer año lo pasé a unos 60 kilómetros al sur de París, en la región del Essone (poco conocida). Disfruté mucho de los frondosos bosques de caza mayor y de sus castillos. Me encantaba salir de ruta los fines de semana y descubrir joyas como el Châteaux de Chamarande o Rambouillet con extensas hectáreas de cuidados jardines. Y gracias a la cercanía con París, también disfrutaba mucho adentrándome en la “Ciudad de la Luz”. Coger un tren de la línea de cercanías y pasar el día visitando los variopintos barrios de París o algún museo o monumento emblemático: el archiconocido Montmatre (barrio de los pintores) con su Basílica del Sagrado Corazón, los Campos Elíseos, El Petit y el Grand Palais, el Louvre, el Puente Alexandre III, Notre Dame y el barrio latino al borde del Sena… y rincones mucho menos turísticos pero de una belleza bohemia. A pesar de ser una macrociudad, posee ese encanto de lo pequeño que atrapa, con sus queserías artesanas, sus típicos mercados en la calle, bicicletas por doquier, fotos llenas de jardines y flores…

Los vuelos a París o a cualquier punto de Francia serán el punto de partida para vivir unos días diferentes y para recordarlos cientos de veces una vez de vuelta.

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